El martillo de Thor

Thor era el orgulloso propietario de un martillo mágico llamado Mjöllnir (el aplastador),

que arrojaba a sus enemigos, los gigantes de hielo, con poder destructivo, y que poseía

la maravillosa propiedad de regresar siempre a su mano, sin importar lo lejos que lo

hubiese lanzado.

Ya que este enorme martillo, emblema de los truenos, estaba por lo general

incandescente, el dios poseía un guantelete de hierro llamado Iarngreiper, que le

permitía agarrarlo firmemente. Él era capaz de arrojar a Mjöllnir hasta una gran

distancia y su fuerza, que siempre era formidable, se multiplicaba por dos cuando se

ponía su cinturón mágico, llamado Megingjörd.

El martillo de Thor era considerado tan sagrado pro la antigua gente del Norte que ellos

solían hacer la señal del martillo, al igual que los cristianos les enseñaron

posteriormente a hacer la de la cruz, para ahuyentar las influencias malignas y

asegurarse las bendiciones. La misma se hacía sobre el bebé recién nacido, cuando se le

vertía el agua sobre su cabeza y se le daba un nombre. El martillo se usaba para clavar

estacas limitadoras, constituyendo un sacrilegio el arrancarlas. Para santificar el umbral

de una nueva casa, para solemnizar un matrimonio y, finalmente, jugaba un papel

importante en la consagración de la pira funeraria sobre la que los cuerpos de los héroes,

junto a sus armas y corceles y, en algunos casos, junto a sus esposas y sirvientes, eran

quemadas.

En Suecia, Thor, como Odin, vestía supuestamente un sombrero de ala ancha, por lo

que a las nubes de tormenta en ese país se conocen como el sombrero de Thor, un

nombre que también se le dio a una de las principales montañas de Noruega. Se decía

que el retumbar y el estruendo del trueno se debía al paso de su carro, pues entre los

dioses sólo él no iba nunca a caballo, sino que caminaba o conducía un carro de bronce

tirado por dos chivos, Tanngniostr (agrietador de dientes) y Tanngrisnr (rechinador de

dientes), de cuyos dientes y cascos saltaban constantemente las chispas.

Cuando el dios conducía así de lugar en lugar, se le llamaba Akuthor, o Thor el auriga.

En el sur de Alemania, creyendo la gente que un solo carro de bronce no podía causar

tanto estruendo, decía que el carro estaba cargado con cazuelas de cobre, que

repiqueteaban y se golpeaban entre ellas.

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