Posteado por: HispaniaGothorum | 26 noviembre 2007

HÁVAMÁL(el discurso del Altísimo)

HÁVAMÁL
(El discurso del Altísimo)

I
(El discurso del Altísimo)

Todos los umbrales,    antes de avanzar,
deben mirarse,
deben vigilarse,
pues nunca se sabe    qué enemigos
se sientan en los bancos.

¡Salud a quienes dan!    Un huésped ha entrado,
¿dónde ha de sentarse?
Mucha prisa tiene    quien junto al hogar
quiere mostrar su fama.

Fuego necesita    el que ha entrado
con las rodillas heladas;
comida y ropas    precisa ese hombre
que viajó por las montañas.

Agua necesita    el que viene al festín,
toalla y bienvenida;
buen talante,    si lo puede haber,
y silencio atento.

Arte necesita    quien mucho viajó,
fácil resulta en casa;
risible resulta    aquel que no sabe
y se sienta entre sabios.

De su sabiduría    no hay que jactarse,
los juicios hay que cuidar,
el que es sabio y reservado    regresará a su casa,
desgracia no alcanza al sabio;
nunca encuentra el hombre    amigo más fiel
que una gran inteligencia.

El huésped precavido    que llega al banquete,
que calle y escuche;
sus oídos escuchan,    sus ojos observan,
así atiende el hombre sabio.

Siempre es feliz    quien por sí mismo tiene
alabanza y saber en su vida;
porque mal consejo    se recibe  menudo
del pecho de otros.

No hay carga mejor,    para el que viaja,
que una gran inteligencia;
es la mejor riqueza,    parece, en tierra extraña,
de la miseria protege.

No hay carga mejor,    para el que viaja,
que una gran inteligencia;
es la peor vitualla    para los caminos
una ansia excesiva de licor.

No es tan buena,    como buena dicen que es,
la cerveza para el hombre;
pues menos cuida    cuanto más bebe
el hombre sus juicios.

Garza llaman del olvido    la que se cierne en los banquetes,
roba a los hombres su juicio;
por las plumas de ese ave    yo fui engrillado
en la mansión de Gunnlöd.

Embriagado estuve,    estuve borracho,
donde el sabio Fjalar;
la mejor bebida,    pues después recobre
el juicio cada uno.

Silencioso y reflexivo    será el hijo del jefe,
y audaz en la lucha;
alegre y contento    estará cada uno
hasta que llegue la muerte.

Un hombre apocado    cree vivirá siempre
si evita el combate;
pero la vejez    no le dará tregua
aunque el dardo no le alcance.

Abre el tonto grande ojos    al llegar de visita,
farfulla o está abatido;
y si enseguida    le dan un trago
ya tiene buen juicio.

Tan sólo sabe    el que mucho viajó
y ha marchado mucho,
con qué juicio    rige cada uno
que es sabio y sapiente.

Se contenga con la jarra,    se modere con el hidromiel,
hable si es preciso, o calle;
de torpeza    nadie te acusará
si vas pronto a dormir.

Un hombre glotón,    si no tiene buen juicio,
come y arruina su vida;
a menudo es risible,    cuando llega entre sabios,
por su estúpida panza.
Bien saben las reses    cuándo han de ir a casa,
y dejan los pastos;
pero el estúpido    no sabe jamás
la medida de su panza.

Un hombre miserable,    y el de mala entraña,
se ríe de cualquier cosa;
mas no sabe,    y lo habría de saber,
que tachas no le faltan.

Un hombre inculto    vela la noche entera
pensando en cualquier cosa;
así, está agotado    al llegar la mañana,
su miseria sigue igual.

Un hombre ignorante    cree que son amigos
los que ríen con él;
lo que no sabe    es que hablan mal de él
si se sienta entre sabios.

Un hombre ignorante    cree que son amigos
los que ríen con él;
entonces sabe,    cuando llega al thing,
que pocos hablan por él.

Un hombre ignorante    lo cree saber todo,
si está en sitio tranquilo;
lo que no sabe    es que ha de responder
si le ponen a prueba.

Un ignorante    que va entre los hombres
mejor es que calle;
nadie sabrá    que no puede nada
a menos que hable en exceso.

Sabio se estima    quien sabe preguntar
y lo mismo hablar;
nunca ocultan    los hijo de los hombres
lo que entre los hombres pasa.

Dice estupideces    el que nunca calla,
y necias palabras;
la lengua desatada,    si no se la refrena,
suele hablar contra sí.

Por objeto de burla    no hay que tomar a otro
cuando llega al banquete;
no sabe bien    el que en festín se mofa,
si se burla de enemigos.

Muchos hombres son    amables entre sí
pero en el festín pelean;
discordia entre hombres    siempre existirá,
riñen huésped contra huésped.

Comida temprana    debe hacerse siempre
si no se va al festín;
se siente y está ocioso    quien se encuentra hambriento,
y poco quiere conversar.

Gran desvío    lleva hasta el enemigo,
aunque viva en el camino;
pero hacia el buen amigo    conducen atajos
aunque haya ido lejos.

Hay que marcharse,    no ha de estar el huésped
siempre en un lugar;
lo dulce se hace odioso    si se siente largo tiempo
en los escaños de otro.

El hogar es mejor,    aunque sea pequeño,
en casa se es el rey;
tener sólo dos cabras    y una mala cabaña
es mejor que mendigar.

El hogar es mejor,    aunque sea pequeño,
en casa se es el rey;
sangra el corazón    de quien debe limosnear,
a toda hora, la comida.

De las armas    no hay, en el campo,
que alejarse un paso;
pues nunca se sabe    cuándo, en el camino,
se precisará la lanza.

Nunca hallé un dadivoso    o pródigo en la comida
que no aceptara un regalo,
o que el dinero    nunca…(verso incompleto)
se precisará el pago.

El dinero    que se ha recibido
preciso es aceptarlo,
se guarda para el odiado    lo destinado al querido,
las cosas son peor que pensamos.

Con las armas y las telas    se alegrarán los amigos,
es siempre lo que más luce;
quien regala, quien corresponde,    serán amigos más tiempo,
si es que el tiempo lo permite.

Del amigo    hay que ser amigo,
dar regalo por regalo;
risa por risa    tendrán los hombres,
mas falsedad por mentira.

Del amigo    hay que ser amigo,
de él y sus amigos;
mas de su enemigo    nadie habría de ser
amigo del amigo.

Sabes, si un amigo tienes,    en el que confías,
y quieres que te haga bien:
tu juicio ligarás al suyo,    os haréis regalos,
y mucho os visitaréis.

Si tienes otro    en quien no confías
mas quieres que te haga bien:
dulcemente le hablarás,    pensando lo contrario,
darás por falsedad mentira.

Para otro aún    en que no confías
y sospechas su talante:
con ellos reirás    pero fingiendo,
tal dádiva por su don.

Joven fui en tiempos,    fui por ahí yo solo,
y me perdí en los caminos;
rico me sentí    cuando encontré a otro,
es un hombre el gozo de otro.

Los guerreros, los bravos,    son quienes mejor viven,
rara vez se angustian;
mas el apocado    teme a cualquier cosa,
recela engaño en todo don.

Mis ropas    las di en el campo
a dos hombres de leña;
viriles se sintieron    vestidos así,
se avergüenza el desnudo.

Se pudre el pino joven    que en el páramo se alza,
corteza y hojas le faltan;
así es el hombre    que nadie ama,
¿para qué seguir viviendo?
 
Más caliente que el fuego    arde entre malos amigos
la paz, cinco días;
pero luego se apaga    al llegar el sexto,
peor va aún la amistad.

Sólo grandes    no han de ser los regalos,
puede el pequeño provocar elogios;
con media hogaza    o una copa casi vacía
conseguí un camarada.

Pequeñas orillas    a pequeños mares,
pequeño es el juicio del hombre;
porque no todos    son de igual hechura,
a medias está toda edad.

Sabio a medias    ha de ser cada uno,
nunca sabio en exceso,
pues el alma del sabio    rara vez está alegre
si es sabio en demasía.
 
Sabio a medias    ha de ser cada uno,
nunca sabio en exceso;
su destino    nadie lo prevea,
y su alma no tendrá penas.

La antorcha de antorcha    arde hasta quemarse,
la llama prende en la llama;
el hombre al hombre    conoce por sus palabras,
por sus simplezas al simple.

Pronto se levante    quien de algún otro quiera
el dinero o la res;
no suele el lobo acostado    conseguir su tajada,
ni un triunfo el hombre dormido.

Pronto se levante    quien pocos obreros tenga
pero cuide su trabajo;
en mucho se atrasa    quien duerme hasta tarde,
será rico el activo.

De astillas secas    y cortezas del cañizo
sabe el hombre la medida;
y de la madera    que pueda bastar
para el tiempo o la estación.

Lavado y ahíto    va el hombre al thing, aunque
vaya mal vestido;
de sus calzas y zapatos    nadie se avergüence,
ni de su caballo,    aunque no sea bueno.

Está triste y abatida    cuando llega al mar
el águila, en la antigua mar;
así el hombre    se encuentra entre otros
con pocos valedores.

Preguntará y responderá    a todo el que es sabio
quien quiera le llamen sagaz;
que sólo uno lo sepa,    que no haya otro más,
si son tres, lo saben todos ya.

De su poder    cada hombre sagaz
use con templanza;
se descubre,    al ir con los sabios,
que nadie es el mejor.

Por las palabras    que uno dice a otro
suele recibirse un pago.

Demasiado pronto    llegué a muchos sitios,
tarde en exceso a otros;
la cerveza, ya bebida,    o aún no preparada,
mal suele encajar el enojoso.

Aquí y allá    me habrían convidado
si no precisara yo comer
o si dos tajadas    tuviera el fiel amigo
y no una que comí.

El fuego es lo mejor,    piensan los hombres,
y la luz del sol;
y la salud,    si se consigue,
viviendo sin tacha.

No hay hombre tan mísero    aunque enfermo esté,
se es feliz por los hijos;
otro por los parientes,    otro por sus riquezas,
otro por sus buenas obras.

Mejor es la vida    que el estar muerto,
siempre es del vivo la vaca;
vi un fuego encendido    en casa del rico,
fuera, ante la puerta, un muerto.

El cojo monta a caballo,    el manco guía la reata,
el sordo lucha y es útil;
mejor ser ciego    que incinerado:
a nadie sirve un cadáver.

Un hijo es mejor,    aunque nazca tarde,
tras que el hombre muera;
rara vez una lápida    se alza en el camino
si no la erigió el hijo.

Dos son la hueste de uno,    la lengua corta la cabeza,
en cada manto   sospecho una mano.

Se alegra en la noche    quien confía en su avío;
estrecha es la bancada,
cambiante la noche de otoño,
mucho varía el tiempo    en cinco días,
más aún en un mes.

No sabe aquél    que nada sabe
que a muchos estropea el dinero;
un hombre es rico,    otro, es pobre,
a nada hay que culpar.

Muere la riqueza,    mueren los parientes,
igual morirás tú;
pero la fama    no muere nunca
en buena la tiene.

Muere la riqueza,    mueren los parientes,
igual morirás tú;
sólo una cosa    sé, que nunca muere:
el juicio sobre cada muerto.
Los establos vi llenos    de los hijos de Fjultung,
y ahora llevan bastón de mendigo;
así es la riqueza,    como un guiño del ojo,
el más voluble amigo.

A un hombre ignorante,    si llega a conseguir
riqueza, o placer con una dama,
le crece su arrogancia,    más nunca su saber,
le aumenta aún su necedad.

Bien está probado,    si interrogas las runas
de origen divino
que hicieron los dioses,
que tiñó el thul supremo,
mejor será callarse.

Alabar el día de noche,    a la mujer ya incinerada,
a la espada ya probada,    a la doncella ya casada,
al hielo ya atravesado,    a la cerveza ya bebida.

Con el viento hay que talar,   y remar con el buen tiempo,
hablar de noche a la moza:    muchos ojos tiene el día;
el barco debe singlar    y el escudo, proteger;
para los tajos, la espada,    para los besos, la doncella.

Junto al fuego hay que beber    y en el hielo patinar,
comprar el potro flaco    y la espada enmohecida,
el caballo medra en casa,    y el perro en el hogar,
II
(Primera noticia de Odín)

Palabras de doncella    nadie ha de crecer,
ni tampoco de casada;
pues en rueda giratoria    su corazón se creó,
con la inconstancia en el pecho.

El arco que se quiebra,    la llama que arde,
el lobo que aúlla,    el cuervo que grazna,
el cerdo que gruñe,    el árbol sin raíces,
a ola que crece,    la olla que cuece,

el dardo que vuela,    la onda que cae,
el hielo de una noche,    la serpiente enroscada,
la charla en cama con mujer,    o la espada rota,
el juego del oso    o un hijo del rey,

el cordero enfermo,    el esclavo voluntario,
buenas palabras de völva,    el cadáver reciente,

el campo recién sembrado:    que en eso nadie crea,
ni muy pronto en el hijo;
decide en el campo el tiempo    y en e hijo la razón,
son dos cosas peligrosas.

El asesino del hermano,    si en el camino lo hallamos,
la casa a medias quemada,    el caballo muy veloz
– de nada sirve corcel    con la pata quebrada-,
nunca confíe tanto el hombre    que en todas las cosas crea.

Pues la paz con las mujeres    que hablan con falsedad
es montar corcel sin bridas    sobre hielo resbalante,
caballo alegre y aún joven,    todavía mal domado,
o bogar con viento en popa    en un buque sin timón,
o refrenar con la mano    un reno en talud mojado.

Con claridad hablo    pues sé bien las dos cosas:
muda el hombre su humor con la dama,
las más bellas palabras    decimos sin pensarlas,
se engaña así el juicio del sabio.

Bellamente hablará    y ofrecerá riquezas
quien quiera amor de dama,
alabará el cuerpo    de la clara muchacha,
recibe amor quien ama.

Reprochar el amor    nadie debería
a otro, jamás;
conmueven al sabio,    no conmueven al necio,
los rostros del amable color.
Nunca nadie debe    a otro reprochar
lo que a tantos sucede;
en tonto al sabio,    así vuelve a los hombres
el ardiente deseo.

El espíritu sabe    qué hay junto al corazón,
solo está con su amor;
no hay peor dolencia    para el hombre sabio
que el estar contento consigo.

Bien lo comprobé    allí en los juncares
esperando a mi amor;
carne y corazón    me era la sabia doncella,
aunque aún no la tenía.

La virgen de Billing    encontré en el lecho,
clara como el sol, durmiendo;
placeres de príncipe    pensé que no habría
si no era gozar aquel cuerpo.

“Y al atardecer    vendrás, Odín,
para hablar con la muchacha;
malo será el hado    a menos que acordemos
lo que hemos de hacer.”

Renuncié entonces    – me creía amado-
a mi cierto deseo;
pues pensaba    que podría tener
su amor y su gracia.

Así llegue entonces    cuando estaban despiertos
los valiosos guerreros todos;
con luces ardientes    y hachas encendidas
supe así la peligrosa senda.

Y en la madrugada    cuando allí volví
dormían en la casa;
una perra sólo hallé,    de la buena mujer,
atada a su cama.

Muchas buenas mozas,    si se observa bien,
son falsas con el hombre;
así lo comprobé    cuando yo quise
conquistar a la insidiosa;
todas las desgracias    me causó la sabia hembra,
nada logré de la dama.

III

(Segunda noticia de Odín)

Esté alegre el hombre en casa,    y contento con su huésped,
despierto es preciso ser;
cuidadoso y locuaz    si quieres se sabio,
y mucho hablar de lo bueno;
gran estúpido se llama    el que apenas puede hablar,
cosa es propia de ignorantes.

Al viejo gigante visité,    y ahora he regresado,
apenas pude allí estar callado;
muchas palabras    dije en mi provecho
en las salas de Suttung.

Gunnlöd me dio a beber,    sentada en asiento de oro,
de su precioso hidromiel;
mala recompensa    yo le di por ello,
por su sincero corazón,
por su profundo amor.

Por la boca de Rati    mandé hacer un lugar,
y raer las rocas;
arriba y abajo    estuve en las sendas de los trolls,
arriesgué así mi cabeza.

A la que bien conseguí    bien he gozado,
de poco carece el sabio;
porque Ódrerir    ahora ha subido
al viejo hogar de los príncipes.

Yo ahora dudo    que hubiera salido
del recinto de los trolls
sin gozar a Gunnlöd,    la buena mujer,
en cuyos brazos estuve.

Al día siguiente    fueron los trolls de escarcha
a interrogar al Altísimo,    en la sala del Altísimo;
a Bölverk preguntaron    si llegara entre los dioses
o si Suttung le había inmolado.

Juró Odín sobre el anillo,    así creo que lo hizo,
¿qué creer ahora de sus palabras?
Suttung, engañado    quedó tras el banquete,
quedó Gunnlöd llorosa.
IV

(Discurso de Loddfáfnir)

Tiempo es de hechizar    en el trono del thul,
en la fuente de Urd;
vi y callé,    vi y pensé,
oí los dichos de los hombres;
a las runas oí hablar,    no callaron sus consejos,
en el templo del Altísimo,    junto al templo del Altísimo;
oí hablar así:

Te aconsejamos, Loddfáfnir,    que tomes el consejo,
te hará bien si lo tomas,
te será bueno, si lo sigues:
de noche no te levantes    si no has de vigilar
o un lugar buscar afuera.

Te aconsejamos, Loddfáfnir,    que tomes el consejo,
te hará bien si lo tomas,
te será bueno, si lo sigues:
de una hechicera    no duermas en el regazo,
no te enlace con sus miembros.

De esa forma hará    que ya no te ocupes
del thing ni lo que dice el rey;
no quieres comida    ni alegrarte con nadie,
vas preocupado a dormir.

Te aconsejamos, Loddfáfnir,    que tomes el consejo,
te hará bien, si lo tomas,
te será bueno, si lo sigues:
si en el monte o el fiordo    precisas viajar
haz buena comida.

Te aconsejamos, Loddfáfnir,    que tomes el consejo,
te hará bien, si lo tomas,
te será bueno, si lo sigues:
a un hombre malo    nunca dejarás
saber tus desdichas;
porque de malo    nunca obtendrás
pago por tu buen deseo.

Ferozmente mordido    he visto a un hombre
por las palabras de mala mujer;
la lengua engañosa    provocó su muerte
sin haber motivo cierto.

Te aconsejamos, Loddfáfnir,    que tomes el consejo,
te hará bien, si lo tomas,
te será bueno, si lo sigues:
sabes, si un amigo tienes    en quien confías
ve a verle a menudo;
pues crecen arbustos    y altas hierbas
en senda que nadie pisa.
Te aconsejamos, Loddfáfnir,    que tomes el consejo,
te hará bien, si lo tomas,
te será bueno, si lo sigues:
a un hombre bueno    atráelo con charla amable,
usa bunas arte mientras vivas.

Te aconsejamos, Loddfáfnir,    que tomes el consejo,
te hará bien, si lo tomas,
te será bueno, si lo sigues:
con tu amigo    no seas tú el primero
nunca, en la ruptura;
la pena mata el corazón    si a nadie puedes decir
todo aquello que piensas.

Te aconsejamos, Loddfáfnir,    que tomes el consejo,
te hará bien, si lo tomas,
te será bueno, si lo sigues:
nunca habrás    de discutir
con un simio ignorante;

pues el hombre malo    nunca has de obtener
buena recompensa;
pero el hombre bueno    puede convertirte
en preciado y alabado.

Es propio de la amistad    el que diga cada uno
todo lo tienen en mientes;
todo es mejor    que ser mentiroso;
no es amigo de otro    quien siempre le asiente.

Te aconsejamos, Loddfáfnir,    que tomes el consejo,
te hará bien, si lo tomas,
te será bueno, si lo sigues:
nunca digas tres insultos    a hombre alguno peor que tú;
a menudo el mejor cede
cuando le ataca el peor.

Te aconsejamos, Loddfáfnir,    que tomes el consejo,
te hará bien, si lo tomas,
te será bueno, si lo sigues:
zapatero no seas    ni fabriques dardos
si no es para ti mismo;
si son malos los zapatos    o si el dardo está torcido
es que te desean mal.

Te aconsejamos, Loddfáfnir,    que tomes el consejo,
te hará bien, si lo tomas,
te será bueno, si lo sigues:
cuando veas llegar el mal    di siempre que el mal es tuyo,
no des tregua al enemigo.

Te aconsejamos, Loddfáfnir,    que tomes el consejo,
te hará bien, si lo tomas,
te será bueno, si lo sigues:
contento con el mal    no ha de estar nunca,
alégrate del bien.

Te aconsejamos, Loddfáfnir,    que tomes el consejo,
te hará bien, si lo tomas,
te será bueno, si lo sigues:
mirar hacia arriba    no debes, en la lucha,
– cobardes como puercos    se vuelven los hombres -,
que tu mente no embrujen.

Te aconsejamos, Loddfáfnir,    que tomes el consejo,
te hará bien, si lo tomas,
 te será bueno, si lo sigues:
si quieres buena mujer    invitar a amable charla
y conseguir su favor
has de hacer bellas promesas    y has de mantenerlas bien,
nadie deja el bien logrado.

Te aconsejamos, Loddfáfnir,    que tomes el consejo,
te hará bien, si lo tomas,
te será bueno, si lo sigues:
prudente te aconsejo ser    mas no prudente en exceso;
más prudente en el licor    y con la mujer de otro,
y en una tercera cosa:    no te engañen los ladrones.

Te aconsejamos, Loddfáfnir,    que tomes el consejo,
te hará bien, si lo tomas,
te será bueno, si lo sigues:
en burla ni mofa    nunca has de tomar
a huésped ni a viajero.

A menudo no saben    los que dentro se sientan
qué clase de hombre es el que llega;
no hay hombre tan bueno    que no tenga tacha,
ni malo que a nada sirva.

Te aconsejamos, Loddfáfnir,    que tomes el consejo,
te hará bien, si lo tomas,
te será bueno, si lo sigues:
del supremo thul    nunca te rías,
bueno es a menudo    lo que dicen los viejo:
dicen pieles cuarteadas    palabras muy juiciosas,
las que cuelgan… (verso incompleto)
y se mecen entre pergaminos
y basculan entre bellacos.

Te aconsejamos, Loddfáfnir,    que tomes el consejo,
te hará bien, si lo tomas,
te será bueno, si lo sigues:
del huésped no te burles    ni lo eches por la puerta,
con los pobres sé bueno.

Fuerte el travesaño    será que se desliza
para abrir a todos;
da limosna    si no, te llegarán
muchos males al cuerpo.

Te aconsejamos, Loddfáfnir,    que tomes el consejo
te hará bien, si lo tomas,
te será bueno, si lo sigues:
cuando bebas cerveza    lama la fuerza de la tierra,
pues la tierra cura la embriaguez    y el fuego la epidemia,
el roble el estreñimiento,    grano de trigo el mal ojo,
– la luna invoca contra el odio –
el pasto el mal del ganado,    y las runas la desgracia,
se lleva el suelo la riada.

V

(Historia de las runas de Odín)

Sé que colgué del árbol    azotado por el viento
nueve noches enteras,
herido por la lanza,    entregado a Odín,
yo mismo a mí mismo,
de aquel árbol    del que nadie sabe
el origen de sus raíces.

Pan no me dieron    ni cuerno de bebida,
hacia bajo miré;
cogí las runas,    gritando las tomé,
y entonces caí.

Nueve cantos supremos    me enseñó el bello hijo
de Bölthur, padre de Bestla,
y un trago bebí    del precioso hidromiel
derramado en Ódrerir.

Empecé así a germinar    y a ser sabio
y a crecer y a sentirme bien;
una palabra dio otra,    la palabra me llevaba,
un acto dio otro,    el acto me llevaba.

Runas descubrirás    e interpretarás los signos,
signos muy grandes,
signos muy potentes
que tiñó el thul supremo
e hicieron los dioses
y grabó el creador de los dioses.

Odín entre los Aesir    y entre los Elfos Dáin,
Dvalin entre los gnomos,
Asvid entre los trolls,
yo mismo grabé las runas.

¿Sabes cómo grabarlas?    ¿sabes cómo interpretarlas?

¿sabes cómo teñirlas?    ¿sabes cómo probarlas?
¿sabes cómo pedir?    ¿sabes cómo sacrificar?
¿sabes cómo ofrecer?    ¿sabes cómo inmolar?

Mejor no preguntar    que en exceso preguntar,
siempre haya pago para el don;
mejor no ofrecer    que en exceso ofrecer.
Así grabó Thund    antes de surgir los pueblos;
luego se levantó    cuando regresó.
VI

(Serie de conjuros)

Conozco estos conjuros,    mujer de rey no los sabe,
ni los hijos de los hombres;
ayuda se llama uno    y ayudarte podrá
en los pleitos y las penas    y en las duras desdichas.
 
Sé el segundo,    que los hombres precisan
si quieren saber curar.

Sé el tercero,    si mucho necesito
atar a mi enemigo;
la espada hago roma    de mi adversario,
no muerden sus armas o sus ardides.

Sé el cuarto,    si me ponen los guerreros
ligaduras en los miembros:
de esta forma canto    si me quiero marchar,
se sueltan de mis pies los hierros
y de mi cuello la argolla.

Sé el quinto,    si hacia mí veo volar
un dardo entre las huestes:
no vuela con tal fuerza    que no lo pueda para
tan sólo con mi mirada.

Sé el sexto,    si un hombre me hiere
con una raíz:
y a este hombre    que busca mi mal
le persigue el dolor, y no a mí.

Sé el séptimo,    si veo la alta llama
en la sala entre los bancos:
no es tan grande su ardor    que no me pueda proteger,
para ello canto un hechizo.

Sé el octavo,    que a todos es
útil para seguir:
cuando crece el odio    entre los hijos del rey
puedo enseguida calmarles.

Sé el noveno,    si necesidad me acucia
de proteger el viaje de mi ave:
el viento apaciguo    sobre las olas
y calmo el mar todo.

Sé el décimo,    si veo brujas
volar por el aire:
hago de tal forma    que vuelan descarriadas
no encuentran su propia forma,
no encuentran su propio juicio.
Sé el undécimo,    si debo a la batalla
llevar a mis viejos amigos:
canto sobre el escudo    y ellos avanzan poderosos,
indemnes, al asalto,
indemnes, del asalto,
escapan indemnes.

Sé el duodécimo    si veo en un árbol
oscilar un cuerpo ahorcado:
así grabo    y tiño las runas,
para que el hombre vuelva
y venga a hablar conmigo.

Sé el décimo tercero,    si es que a un joven debo
rociar con el agua:
nunca caerá    aunque vaya al combate,
no perecerá ante las espadas.

Sé el décimo cuarto,    si debo ante los hombres
enumerar los dioses,
de Aesir y Elfos    sé todas las cosas
pocos sabios lo saben.

Sé el décimo quinto    que Thjódrörir cantó,
el gnomo, ante las puertas de Delling:
fuerza conjuró a los Aesir    y a los Elfos, fama,
don de vidente a Hroptatýr.

Sé el décimo séptimo,    que con dolor me rechaza
la joven doncella.

Que estos conjuros    puedan, Loddfáfnir,
servirte largo tiempo;
te sean buenos si los sigues,
útiles si los tomas,
provechosos si los aceptas.

Sé el décimo octavo    el que nunca digo
A doncella ni a mujer casada
– es mucho mejor    que sólo uno lo sepa;
se acerca el fin de los conjuros –
sino sólo a aquella    que me toma en sus brazos
o a la que es mi hermana.

Dicho está el discurso del Altísimo    en el palacio del Altísimo,
muy provechoso para los hombres,
tan provechoso para los gigantes;
salud al que los diga,    salud al que los sepa,
aprovechen al que los use,
salud a quienes oigan.

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