Posteado por: HispaniaGothorum | 26 noviembre 2007

RÍGSTHULA(canción de Ríg)

RÍGSTHULA
(Canción de Ríg)

Se cuenta en la antiguas historias que uno de los Aesir, el que llamaban Heimdall, iba de viaje a lo largo de un mar, por la playa, y llegó a una alquería y dijo llamarse Ríg. Siguiendo esta historia se compuso este poema:

En tiempos dicen que fue    por las verdes sendas
poderoso y ya anciano    el Aesir, mago potente,
fuerte y valeroso,    Ríg, por el camino.

Luego marchó    por el centro de camino
llegó hasta una casa    la puerta entreabierta;
se dispuso a entrar,    fuego ardía en el hogar;
una pareja había allí,    de ancianos, junto al fuego,
Ái y Edda,    tocados a la antigua.

Ríg bien podía    darles consejos;
entonces se sentó    en el centro del banco,
tenía a ambos lados    la pareja de la casa.

Entonces tomó Edda    una hogaza grosera,
pesada y espesa,    llena de salvado;
y entonces la trajo    al centro de la repisa,
cocido había en la olla,    la puso en la mesa;
cordero había cocido,    el más fino bocado,
él se levantó luego    y se dispuso a dormir.

Ríg bien podía    darles consejos;
entonces se acostó    en el centro del lecho,
tenía a ambos lados    la pareja de la casa.

Allí se quedó entonces    tres noches enteras;
luego marchó    por el centro del camino,
pasaron entonces    nueve meses.

Un niño parió Edda,    con agua lo rociaron
era negro de piel,    y le llamaron Thrael.

Empezó a crecer    y a prosperar;
tenía de las manos    la piel arrugada,
nudillos huesudos… (verso incompleto)
dedos gruesos    rostro estropeado,
espalda encorvada,    y talones largos.

Empezó entonces    a ejercitar su fuerza,
atando cortezas,    haciendo fardos;
llevando luego a casa    leña para el día.

Llegó luego a la granja    una muchacha,
con lodo en los pies,    los brazos tostados,
ganchuda la nariz,    dijo llamarse Thír.

En el centro del banco    luego se sentó;
sentóse junto a ella    el hijo de la casa;
hablaron y charlaron    en hicieron su lecho,
Thrael y Thír    para un día horrible.

Tuvieron hijos    – vivieron y disfrutaron – ,
creo que se llamaban    Hreim y Fjósnir,
Klúr y Kleggi,    Kefsir, Fúlnir,
Dumb, Digraldi,    Drött y Hösvir,
Lút y Leggjaldi    hicieron granjas,
trabajaron el campo,    cuidaron los cerdos,
guardaron las cabras,    sacaron la turba.

Las hijas que tuvieron    Drumba y Kumba,
Ökkvinkálfa    y Arinnefja,
Ysja y Ambát,    Eikintjasna,
Tötrughypja    y Trönubeina;
de ellos ha venido    la estirpe de los siervos.

Fue Ríg luego    por rectos caminos,
llegó hasta una casa,    la puerta entornada,
a entrar se dispuso,    fuego había en el hogar;
había allí una pareja    dedicada a sus cosas.

El hombre tallaba    un palo para enjulio;
su barba, arreglada,    recortado el flequillo,
la camisa ajustada,    un cofre en el suelo.

Había una mujer,    manejaba una rueca,
alargaba los brazos    preparando un tejido.
Redecilla en el pelo,    un mandil ante el pecho,
un pañuelo al cuello,    y broches en los hombros.
De Afi y de Amma    era aquella casa.

Ríg bien podía    darles consejo;
(entonces se sentó    en el centro del banco,
tenía a ambos lados    la pareja de la casa.)

(Falta casi toda la estrofa)
… él se levantó luego    y se dispuso a dormir.

Ríg bien podía    darles consejo;
entonces se acostó    en el centro del lecho,
tenía a ambos lados    la pareja de la casa.

Allí se quedó entonces    tres noches enteras,
luego marchó    por el centro del camino,
pasaron entonces    nueve meses.

Un niño parió Amma,    con agua lo rociaron,
le llamaron Karl,    le vistieron con lino;
pelirrojo y sonrosado,    con los ojos vivos.

Empezó a crecer    y a prosperar;
cuidaba bueyes,    arados hacía,
  construía casas,    fabricaba heniles,
fabricaba carros,    conducía el arado.

Llegó luego en un carro    a casa una mujer
con túnica de piel,    y se casó con Karl;
Snör se llamaba;    vistió el velo de novia,
hicieron matrimonio    se entregaron regalos,
tendieron sus mantas,    hicieron su casa.

Tuvieron hijos    – vivieron y disfrutaron – ;
Se llaman Hal y Dreng,    Höld, Thegn y Smid,
   Breid, Bóndi    Bundinskeggi,
Búi y Boddi,    Brattskegg y Segg.

Otros se llamaban    con estos nombres:
Snót, Brúd, Svan,    Svarri, Sprakki,
Fljód, Sprund y Víf,    Feima, Ristill;
de ellos ha venido    la estirpe de los hombres libres.

Fue Ríg luego    por rectos caminos;
llegó hasta una sala,    las puertas hacia el sur,
la entrada cerrada,    un anillo lo abría.

Se dispuso a entrar,    paja cubría el suelo;
había una pareja    mirándose a los ojos,
Fadir y Módir,    moviendo los dedos.

Estaba el esposo    trenzando una cuerda,
tensaba un arco,    hacía astas de flechas,
y la esposa    arreglaba camisas,
planchaba la ropa,    almidona las mangas.

Complejo el tocado,    un broche en el pecho,
con una ancha capa    y túnica azul;
la frente brillante,    los senos más claros,
el cuello más blanco    que la pura nieve.

Ríg bien podía    darles consejo;
entonces se sentó    en el centro de banco,
tenía a ambos lados    la pareja de la casa.

Módir tomó entonces    un paño bordado,
blanco, de lino,    puso la mesa;
y entonces tomó    una fina hogaza
blanca, de trigo,    y la puso en el paño.

Y allí luego trajo     las bandejas llenas,
ornadas con plata,    las puso en la mesa,
con tocino claro    y aves asadas;
vino había en la jarra,    y copas labradas;
bebieron y charlaron,    y el día terminó.
Ríg bien podía    darles consejo;
se levantó luego Ríg,    y preparó el lecho;
allí se quedó entonces    tres noches enteras.
Luego se marchó    por el centro del camino,
pasaron entonces    nueve meses.

Un muchacho parió Módir,    lo vistió con sedas,
con agua le roció,    Jarl le llamaron;
rubio era su pelo,    brillantes sus mejillas,
agudos sus ojos    cual los de una sierpe.

Creció allí Jarl    entre los bancos;
blandía escudo de tilo,    trenzaba cuerdas de arco,
tensaba los arcos,    hacía puntas de flecha,
lanzaba los dardos,    agitaba las lanzas,
montaba a caballo,    azuzaba los perros,
empuñaba la espada,    se echaba a nadar.

Legó luego al bosque    Ríg por el camino,
Ríg por el camino,    y le enseñó las runas;
le dijo su nombre,    y que era hijo suyo;
entonces le ofreció    los bienes alodiales,
los bienes alodiales    y los campos antiguos.

Marchó entonces    por bosques oscuros,
montes llenos de escarcha,    hasta llegar a una casa;
comenzó a blandir las astas,    y a agitar escudos,
galopó a caballo,    y blandió la espada;
comenzó la lucha,    enrojeció el llano,
mató guerreros,    destruyó las tierras.

Obtuvo él solo    dieciocho dominios,
repartió fortunas,    a todos concedió
tesoros y riquezas    y esbeltos caballos;
arrojó anillos,    rompió brazaletes.

Fueron mensajeros    por húmedos caminos,
llegaron a una casa    donde vivía Hersir;
tenía una hija    de dedos esbeltos,
blanca y sabia,    se llamaba Erna.

Pidieron su mano,    la llevaron a casa,
casóse con Jarl,    tomó velo de novia;
juntos vivieron    y se amaron,
tuvieron familia,    la vejez disfrutaron.

Bur era el primero,    el segundo Barn,
Jód y Adal,    Arfi, Mög,
Nido y Nidung    – a jugar aprendieron –
San y Svein    – a nadar, los escaques –
Kund se llama otro,    Kon era el más joven.

Allí crecieron    los hijos de Jarl,
domaban caballos,    escudos combaban,
preparaban flechas,    blandían las lanzas.
Y el joven Kon    conocía las runas,
las runas eternas,    las runas de vida;
además sabía    proteger a los hombres,
hacer roma la espada,    y calmar los mares.

Aprendió el habla de las aves,    y a apagar el fuego,
a apaciguar la mente,    a calmar las penas;
fuerza y poder    de ocho hombres.

Con Ríg, Jarl    se dedicó a las runas,
le venció con mañas    y con mejor ciencia;
entonces heredó    y se preocupó luego
de llamarse Ríg,    pues sabía las runas.

Cabalgó el joven Kon    por bosques y espesuras,
dardos lanzó    para acallar las aves.

Entonces dijo un cuervo    – sentado en una rama – :

¿Por qué quieres, Kon,    acallar las aves?
Mejor te sería    montar a caballo
(verso incompleto)    y matar guerreros.

Tienen Dan y Danp    preciosos palacios,
grandes heredades,    mayores que las vuestras;
sabían muy bien    navegar en su barco,
probar las espadas,    y causar heridas.

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