Posteado por: HispaniaGothorum | 27 noviembre 2007

El viaje de Thor a Jotumheim

Era verano en el Asgard y Thor no podía quitarle ojo a la lejana tierra de Jotumheim, el reino de los gigantes. El dios del trueno estaba seguro de que los gigantes intentarían atacar a los Aesir pronto. En consecuencia se sentía en la obligación de viajar a Utgard, la ciudad más importante de Jotumheim, y librar al universo de unos cuantos de sus enormes habitantes.
 Cuando se corrió la voz en el Asgard del inminente viaje de Thor, Loki se dirigió a él para decirle que en el Jotumheim era necesario agudizar el ingenio. Thor sabía que Loki era el que más ingenio tenía entre los Aesir, así que le pidió que le acompañara en su viaje. Poco después ambos se pusieron en camino hacia la tierra de los gigantes.

Aquella noche, mientras viajaban en el carro de Thor sobre el Midgard, los dos decidieron que era el momento de descansar. La casa a la que llegaron estaba derruida, y los alrededores de la granja no se encontraban en mejor estado. A Loki no le gustó el lugar que había elegido Thor para pasar la noche, afirmando que la gente que estaba dentro no podría alojarlos bien, pero Thor decidió que se quedaría y que él conseguiría lo que ellos no pudieran proporcionarles.

Cuando el granjero y su familia vieron a los dos dioses, se pusieron muy nerviosos. Les dieron a los dioses lo mejor que tenían. Les proporcionaron un lecho blando, fuego para calentarse y una agradable compañía. Pero cuando llegó la hora de comer, todo lo que pudieron ofrecerles fueron unas tristes verduras, puesto que no tenían carne.

Fiel a su palabra, Thor salió fuera y sacrificó a Tanngniostr y Tanngrisnt. Llevó los cuerpos dentro de la casa y les dijo a los granjeros que comieran hasta hartarse. Thor les advirtió que no rompieran ningún hueso, puesto que tenía que volver a ponerlos dentro de la piel de los animales después de cenar para poder conseguir que resucitaran a la mañana siguiente,

Incapaz de refrenar su naturaleza malvada, Loki intentó convencer a uno de los hijos del granjero para que rompiera uno de los huesos del muslo y así poder deleitarse con el maravilloso tuétano de su interior. El muchacho lo hizo, y volvió a colocar el hueso roto dentro de la piel. A la mañana siguiente Thor le devolvió la vida a sus cabras, y se dio cuenta que una de ellas estaba coja. Era evidente alguien no había seguido las órdenes de Thor. Como compensación al desaire, Thor se llevó a los hijos del granjero, Thialfi y Roskva, para que fueran sus sirvientes en el viaje.
 Los cuatro pronto alcanzaron el océano que separaba Midgard del Jotumheim. Caminando a lo largo de la playa se encontraron con un bote abandonado. Con Thor al mando de los remos, pronto alcanzaron la costa de Jotumheim. Se dirigieron tierra adentro y se encontraron con un edificio curioso en mitad del bosque. No había ninguna puerta ni ninguna entrada, pero un lado completo del edificio estaba abierto. Cuando entraron, se percataron de que el edificio era incluso más grande que el Valhalla o el Bilskirnir. Como estaban muy cansados, decidieron pasar la noche allí. En mitad de la noche los cuatro se despertaron a causa de un terrible ruido que sonaba como si estuvieran rasgando el tejido del que estaba hecho el universo. Causaba más estruendo y era más violento que cualquier terremoto. Cuando estaban a punto de abandonar el edificio, el ruido cesó. Decidieron que en el edificio estaban más seguros que al aire libre, por lo que optaron por pasar el resto de la noche en otro edificio más pequeño que habían encontrado al lado de la sala principal. Aquí, se imaginaba Thor, si los atacaban, tendrían mejores oportunidades de defenderse. Durante toda la noche los viajeros tuvieron que soportar un estruendo con una intensidad de cien truenos.

A la mañana siguiente descubrieron la causa del terrible ruido. Un gigante estaba dormido fuera del edificio, roncando con gran estrépito. Thor lo despertó, dispuesto a lanzarle a Mjolnir, pero cuando el gigante se puso en pie, Thor se quedó tan sorprendido del tamaño del gigante que en vez de hacer eso le preguntó como se llamaba. El gigante le dijo que se llamaba Skrymir y que había reconocido tanto a Thor como a Loki. Era bastante amable, y se ofreció a mostrarles el camino hacia Utgard. Entonces se agachó y cogió sus guantes. Uno de los cuales era el edificio enorme en el que los viajeros acamparon.

Un rato más tarde Skrymir les dijo a los cuatro que necesitaba un descanso. Lanzó su mochila hacia Thor y les ofreció la comida que había dentro. Después se tumbó para echarse una siesta. Mientras que Loki y los niños encendía una hoguera, Thor intentó desatar los nudos para abrir la mochila. Hizo todo lo posible para deshacerlos, pero no lo consiguió. Loki también lo intentó, pero el resultado fue idéntico.

Furioso por haber sido objeto de la broma del gigante, Thor se subió encima de éste, y le propinó un golpe en la frente con Mjolnir. La única reacción de Skrymir fue el preguntar murmurando entre dientes si le había caído una hoja encima de la cabeza.

Thor se quedó tan sorprendido que lo único que se le ocurrió es que no era tan mala la idea de que ellos descansaran también, pero los ronquidos del gigante eran tan fuertes como la noche anterior. Así pues, por segunda vez, Thor subió encima de Skrymir y le lanzó violentamente a Mjolnir, golpeándolo justo en mitad de la cabeza. Skrymir abrió perezosamente los ojos y le pregunto a Thor si le había caído una bellota en la frente. Thor no contestó. Se limitó a regresar al lugar donde los otros acampaban, preguntándose por la razón por la que estaba fallando su martillo.
 Antes del amanecer los ronquidos se habían hecho tan violentos que provocaron un temblor en el lugar en el que descansaban los cuatro. Thor, iracundo, lazó a Mjolnir directamente a la sien del gigante. El martillo se hincó hasta el fondo y después volvió hacia Thor. Skrymir se despertó, se frotó los ojos, y les preguntó si habían visto un pájaro en los alrededores, porque le daba la sensación de que le habían cagado en la cabeza.

Entonces Skrymir se levantó y se despidió de los cuatro. Antes de irse les señaló el camino hacia Utgard y les advirtió que cuando llegaran al palacio de Utgard-Loki, el rey de los gigantes, deberían mantener la boca cerrada. Los gigantes, les dijo, eran muy poco tolerantes con las personas pequeñas como ellos.

Finalmente llegaron a las puertas de Utgard. Pasando entre los barrotes, pronto llegaron al palacio de Utgard-Loki. A Utgard-Loki le hacía gracia ver unas criaturas tan pequeñas en su gran salón. Reconoció a Thor y le dedicó unos cuantos insultos. Thor se tomó las cosas con calma, puesto que estaban rodeados de muchos gigantes con armas de enorme tamaño.

Utgard-Loki dijo que no se permitía la estancia de nadie en su palacio a menos que pudiera demostrar su maestría en alguna ocupación, y que los nuevos visitantes no serían una excepción a esta regla. Loki fue el primero en enfrentarse al desafío. El “embaucador” afirmó que podía comer más rápido que nadie en la sala. Utgard-Loki soltó una carcajada ante tal afirmación y decidió enfrentar al dios del ingenio contra un gigante llamado Logi.

Se les situó a ambos en los extremos opuestos de una mesa enorme sobre la que estaban apiladas grandes cantidades de carne. Cuando Utgard-Loki dio la orden, ambos empezaron a comer con furia. Al finalizar el tiempo, Loki se había comido toda la carne que le habían puesto delante, dejando sólo un montón de huesos. Logi no había dejado nada en su lado de la mesa. Se había comido la carne y los huesos, por lo que fue proclamado vencedor.

El siguiente en enfrentarse con el desafío fue Thialfi. Afirmó que podía correr más de prisa que cualquiera que nombrara Utgard-Loki para competir con él. Se eligió al gigante Hugi, que se enfrentaría al muchacho en una serie de tres carreras. Todos se desplazaron fuera del palacio a una franja de terreno al aire libre. Allí los dos corredores se situaron para comenzar la primera carrera. Cuando Utgard-Loki dio la orden, los corredores empezaron a correr a toda velocidad. Aunque Thialfi era tan rápido como el viento, no pudo vencer a Hugi, el cual demostró ser tan rápido como para darse la vuelta y saludar al muchacho cuando cruzaba la línea de llegada.
 La segunda carrera no acabó mejor que la primera. Hugi venció a Thialfi por una distancia tres veces mayor a la que le había sacado en la primera. La tercera carrera fue aun peor. Hugi llegó a la meta cuando Thialfi aun estaba en la mitad del recorrido.

Utgard-Loki se dirigió entonces a Thor y le preguntó en que tipo de competición le gustaría participar. Sin dudarlo, el dios del trueno respondió que desafiaba a cualquiera del palacio a beber.

El rey de los gigantes hizo traer un enorme cuerno de aguamiel. Le dijo a Thor que, entre los gigantes, la mayoría podían acabarse el cuerno de un trago. Algunos de los más débiles podrían necesitar dos tragos para terminárselo, pero en ninguno de ellos necesitaba tres para hacerlo.

Thor se llevó el cuerno hasta sus labios y dio un trago enorme. Estaba seguro de que se había bebido el cuerno completo. Pero cuando lo bajó, se dio cuenta de que el nivel de aguamiel solo había descendido un poco. En un segundo intento el nivel solo bajó un poco más que antes, y el cuerno no estaba ni mucho menos vacío. En su tercer intento Thor bebió muchísimo líquido del cuerno, pero este seguía sin estar vacío. Utgard-Loki soltó una carcajada y le preguntó al dios del trueno si la gustaría competir en algún otro desafío. Thor afirmó que se enfrentaría a cualquier desafío al que el rey quisiera enfrentarle.

Utgard-Loki le dijo que muchos gigantes consideraban un gran desafío el levantar a su gato. Thor aceptó el desafío, y tan pronto como lo hizo, apareció un enorme gato de debajo del trono del rey. Thor agarró por la cintura al inmenso felino e intentó levantarle sin llegar a conseguirlo. El gato seguía con las garras firmemente pegadas al suelo. A continuación, se situó debajo del gato e intentó levantarlo del suelo usando solo la fuerza de sus piernas. A pesar de que sus músculos estaban en el límite de su resistencia, sólo había conseguido levantarle una pata del suelo. Frustrado por haber fracasado de nuevo, Thor le pidió a Utgard-Loki un rival para que luchara contra él. El rey le dijo que la mayoría de los gigantes se sentirían ofendidos si tuvieran que luchar contra un ser tan endeble como Thor, pero, no obstante, estuvo de acuerdo en preguntarle a su anciana madre Elli si estaba dispuesta a luchar contra Thor.
 Elli apareció en la sala y aceptó el desafío de Thor. Éste se lanzó contra la vieja bruja, pero se dio cuenta de que era mucho más fuerte de lo que había imaginado. Apenas consiguió que esta moviera un pie. Al final, sin avisar, Elli se movió haciendo perder el equilibrio a Thor y obligando al orgulloso dios a doblar la rodilla.

En este momento Utgard-Loki detuvo la competición porque se estaba haciendo tarde. Hizo que trajeran comida y bebida a los agotados viajeros, y les proporcionó un lecho blando donde dormir. Poco después los cuatro estaban profundamente dormidos. Cuando se despertaron a la mañana siguiente vieron ante sí una mesa con un desayuno estupendo, y a la cabeza de ella estaba senado Utgard-Loki. Comieron tan bien como lo había hecho la noche anterior. Entonces Utgard-Loki los condujo fuera de las murallas de Utgard, volvió sobre sus pasos y les miró con una sinceridad absoluta en sus ojos. Fue cuando le dijo a Thor que nunca jamás permitiría que el dios del trueno rebasara las murallas de Utgard. Thor ya se lo esperaba. Teniendo en cuenta lo mal que lo había hecho en todos los desafíos a los que se había enfrentado y en los que había sido derrotado, Thor se sentía deshonrado a sí mismo. Entonces Utgard-Loki pasó a exponerle la verdadera razón de la prohibición.

Había sido el propio Utgard-Loki quien se había disfrazado de Skrymir y los había conducido a Utgard. La mochila de Skrymir, que le resultó imposible abrir porque no consiguió deshacer ninguno de los nudos, había sido previamente cosida con hilo de hierro. Señaló hacia una serie de tres valles muy profundos. Cada uno de ellos era más profundo que el anterior. Éstos habían sido creados cuando Thor intentó abrirle la cabeza a Skrymir con Mjolnir. En este punto Loki no pudo evitar sonreír ante el ingenio del rey de los gigantes.

Utgard-Loki continuó explicando que el ser contra el que Loki había competido no era sino el fuego salvaje, que devora indistintamente todo lo que se encuentra a su paso. El hombre contra el que corrió Thialfi no era sino el mismo pensamiento, cuya rapidez es imposible de superar.

El semblante de Thor se frunció un poco cuando supo que el cuerno que había intentado vaciar estaba conectado con el mismo océano, y que ahora el océano tenía un nivel muy inferior al de antes. El gato que había intentado levantar era de hecho Jormungand, hija de Loki, la serpiente gigante que rodea el Midgard. Por último, Elli, la aparentemente vieja bruja, madre de Utgard-Loki, era en realidad la vejez misma. Utgard-Loki expresó su profunda admiración por Thor, porque nadie antes había sido capaz de defenderse de la vejez tan bien como lo había hacho Thor el día anterior.

Cuando Thor se dio cuenta de que había atemorizado a los gigantes con sus actos, levantó a Mjolnir sobre su cabeza con la intención de abrirle la cabeza a Utgard-Loki por sus engaños. Pero cuando bajó el martillo el rey de los gigante se había desvanecido y también su ciudad. La ira de Thor no se aplacó en todo el día.

Pronto Thor, Loki, Thialfi y Roskva emprendieron si viaje de vuelta. Thor reclamó su carro y sus cabras al granjero del Midgard, y poco después regresó felizmente al Thrudheim, sabiendo ahora que los gigantes del Jotumheim estaban tan atemorizados de él y de su enorme poder que nunca intentarían invadir el Asgard.

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