Posteado por: HispaniaGothorum | 6 diciembre 2007

Escandinavia antes de los vikingos

Los primeros escandinavos fueron pueblos nómadas que vivían de la caza, la pesca y la

recolección de plantas silvestres. Vivían en campamentos temporales, situados a lo

largo de las costas principalmente, a orillas de los ríos y de los lagos, para beneficiarse

de sus recursos alimenticios (pescado, crustáceos, mamíferos y aves marinas y los

animales que rondaban por los campos cercanos. Persiguiendo la caza cambiaban de

sitio sus campamentos y por lo tanto dejaron pocos vestigios aparte de sus herramientas

y armas, hechas de sílex y otras piedras y algunas sepulturas de personas que fueron

enterradas junto a los campamentos. Este tipo de existencia migratoria y muy

diseminada prosiguió durante unos 4.000 años y los arqueólogos la conocen con el

nombre de período mesolítico.

La Revolución Neolítica.

Un enorme cambio tuvo lugar en Escandinavia meridional hacia el 4.000 a.C., cuando el

cultivo y la cría de ganado empezaron a sustituir a la caza como principal medio de

sustento. Ese cambio anunció el siguiente gran período de la prehistoria, el neolítico,

que duró más de 2.000 años. El nuevo modo de subsistencia llegó a Escandinavia

procedente del sur y pudo haber sido introducido por grupos de inmigrantes de Europa

continental. Sin embargo, es poco probable que hubiera una inmigración a gran escala y

la población nativa siguió viviendo igual que los cazadores del período anterior.

Una vez adoptada la agricultura, cambió la forma de establecerse.

La gente ocupó sus casas durante períodos de tiempo más largos, cultivando la tierra

adyacente que había sido ganada al bosque primitivo. Pero aquellas colonias tampoco

serían ocupadas muchos años, ya que los campos circundantes pronto se habrían vuelto

improductivos a causa del uso excesivo y la falta de abono y los habitantes se

trasladaban entonces a otro lugar donde despejar y cultivar una nueva tierra. Aquellas

colonias semipermanentes eran pequeñas, formadas por unas pocas casas que se

alojaban poco más que un grupo familiar y estaban esparcidas por todo el país, en forma

de granjas aisladas más que de aldeas. No obstante, las costumbres funerarias de estos

pueblos agrícolas primitivos muestran que tenían cierto sentido de identidad comunal.

Eran sepultados en grandes monumentos construidos con enormes piedras conocidas

como megalitos (a consecuencia de lo cual se les llama tumba megalíticas). Consistían

en una enorme cámara central lo bastante alta para una persona erguida y un pasaje que

comunicaba con ella. El conjunto estaba cubierto de un túmulo de tierra rodeado por un

círculo de piedras más pequeñas en posición vertical. Restos de vasijas de cerámica

encontrados dentro y alrededor de la entrada de estas tumbas, que alojaban muchos

cadáveres, indican que el entierro iba acompañado de ritos complicados que incluían un

festín y tal vez un sacrificio, requiriendo la participación de los habitantes de una gran

zona, cuyo núcleo era la tumba comunal. Lo que hoy entendemos por sociedad estaba

empezando a evolucionar.

Estas comunidades agrícolas primitivas son más conocidas en Escandinavia meridional

(Dinamarca, el sur de Suecia y el sureste de Noruega). Además de tener allí un clima

más templado, entraban antes en contacto con los nuevos impulsos culturales y

tecnológicos propagados hacia el norte desde el continente europeo. En los bosques y la

tundra del extremo septentrional, la caza, la pesca y la recolección siguieron siendo los

principales medios de sustento y los cambios en la economía y la cultura tuvieron lugar

mucho más lentamente. Sin embargo, algunas herramientas y armas encontradas en el

norte son de origen meridional y muestran que hubo relaciones entre las dos regiones.

Los agricultores neolíticos usaban herramientas y armas más variadas que sus

antepasados cazadores, pero éstas aún estaban hechas con materiales locales. El sílex y

otras piedras se tallaban para hacer palas de hacha que se fijaban a mangos de madera y

se usaban para talar árboles y despejar la tierra. Hacían hoces de filo cortante con

pedazos afilados de sílex para cosechar los cultivos.

Las puntas de flecha que usaban para cazar también estaban hechas con sílex. Con el

paso del tiempo, las formas de algunos utensilios, especialmente las armas, fueron muy

elaboradas, requiriendo una gran habilidad para su fabricación. Las hachas de combate

de piedra pulida y los puñales de sílex atestiguan la sofisticación que podían conseguir

los artesanos que trabajaban con aquellos materiales aparentemente intratables. A

finales del período neolítico, en el segundo milenio a. C., la piedra y el sílex empezaron

a ser sustituidos por el bronce en algunas armas sencillas, como las hachas chatas y los

puñales. Aquel cambio marcó la transición a la edad del bronce.

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