Posteado por: HispaniaGothorum | 6 diciembre 2007

Guerra y armas

Todos los hombres libres disfrutaban del derecho de llevar armas en la época vikinga.

Tenían que entrar en las filas cuando se lo pedía su señor o rey. En algunas zonas,

notablemente en Suecia central, la gente también era requerida para guarnecerse y armar

barcos. Con este propósito, la tierra se dividía en unidades que comprendían un cierto

número de granjas y cada una de ellas tenía que proporcionar un barco totalmente

equipado cuando se lo pedían.

Los vikingos generalmente combatían a pie. El hecho de que se enterraran caballos

junto a algunos vikingos ricos indica que hubo algunos guerreros montados, pero esto

sin duda no era corriente. Los buques de guerra vikingos se usaban principalmente para

transportar ejércitos a la escena de las batallas campales; los combates marítimos eran

menos corrientes, aunque se mencionan algunos en las fuentes escritas. El más conocido

es la batalla de Svöld, hacia el año 1000. Las narraciones en fuentes inglesas y francas

de las batallas campales libradas por los vikingos en Europa occidental dan fe de la

fuerza y habilidad de sus cuerpos combatientes. Los vikingos infundían terror a sus

oponentes y lucharon a sangre y fuego por todo el noroeste de Europa. Las armas que

hicieron tantos estragos fueron la espada, la lanza y el hacha de combate, y arcos y

flechas. Las descripciones en tallas contemporáneas, como las piedras decoradas

conmemorativas encontradas en Gotland, nos dan una idea del aspecto de esos guerreros

vestidos para la batalla con casco y cota de malla y totalmente armados. Podemos

aprender mucho más de las tumbas en los países escandinavos, muchas de las cuales

contienen el equipo de los combatientes, que enterraron con ellos.

La espada era la mejor de todas las armas, muy apreciada por su poder combatiente y

como símbolo de posición social: cuanto más alto era el rango del guerrero, más

magnífica era su espada. La empuñadura estaba a menudo ricamente adornada, pero

aunque una empuñadura muy elaborada denotaba un dueño poderoso, era la hoja de la

espada la parte más importante del arma, porque de ésta dependía la vida de su

poseedor. Las hojas de dos filos, con un largo de setenta a ochenta centímetros, eran

ligeras y flexibles, fuertes y afiladas. Algunas eran importadas del imperio franco, pero

sus empuñaduras se hacían y se montaban en Escandinavia, adornándose a menudo con

los estilos artísticos predilectos de los vikingos. La espadería franca más famosa era la

de Ulfberth, cuyo nombre figura en muchas hojas de espada.

Las hojas de fabricación escandinava no eran inferiores a los ejemplares importados

más exóticos. También se hacían empleando un método conocido como “soldadura

modelo” por el que largos flejes de hierro de composición ligeramente diferente se

soldaban juntos formando un núcleo y un filo hecho con un acero más duro y afilado se

soldaba a los lados. Luego se pulía la hoja y una ranura longitudinal, conocida como

abatanador, se afilaba por todo el largo. El propósito del abatanador era aligerar la hoja

sin reducir su fuerza y aumentar su flexibilidad. Después de mil años bajo tierra, casi

todas las hojas de las espadas que se han recuperado están ahora muy corroídas, pero

algunas de ellas todavía tienen hermosos dibujos en su superficie. Las espadas se

llevaban en vainas hechas con tiras de madera cubiertas con cuero y forradas con lana.

La lanolina de la lana habría servido para preservar la hoja del deslustre y la oxidación.

Las espadas más espléndidas se guardaban en magníficas vainas adornadas con

monturas de bronce o doradas alrededor de la boca y en la punta (la contera). Se han

encontrado monturas de vaina en muchas tumbas, aunque los materiales orgánicos de la

vaina misma normalmente han desaparecido.

Las espadas de doble filo se usaban para dar un tajo al enemigo, causando sin duda

lesiones terribles. Los huesos mutilados de esqueletos desenterrados en Hedeby y otras

partes dan una idea de la clase de heridas causadas. Los cuchillos de combate cortos, de

un solo filo, estaban concebidos para clavarse en el oponente cuando se entablaba un

combate cuerpo a cuerpo y los guerreros vikingos llevaban a veces espada y cuchillo. El

arma ofensiva más eficaz de todas era la lanza, con su hoja de hierro delgada y afilada

de hasta cincuenta centímetros de largo, sujetada a un asta de madera por medio de una

arandela. Algunas lanzas, lo mismo que las espadas de mejor calidad, tuvieron que ser

armas de categoría. Sus hojas eran de soldadura de modelo, con filos y punta afilados y

las arandelas estaban damasquinadas con plata o bronce. La mayoría de las lanzas que

se han encontrado en tumbas, sin embargo, son más sencillas y no están adornadas, pero

no obstante son muy eficaces.

Aunque el hacha de combate se asocia popularmente con los vikingos, en conjunto

parece haber sido menos preferida como arma que la espada y la lanza. Se han

encontrado menos y casi todas ellas en Escandinavia occidental. Estaban hechas de un

modo bastante sencillo: un filo cortante se soldaba a un bloque de hierro y el extremo se

encajaba a un mango de madera y se sujetaba firmemente. La mayoría de las hachas de

combate no estaban adornadas y no se distinguen de las hachas de trabajo; se supone

que son hachas de combate por el hecho de que han sido encontradas en tumbas junto

con otras armas. Unos pocos ejemplares son mucho más espléndidos y tuvieron que ser

hechos para ceremonias o exhibiciones. La mejor, con mucho, es el hacha de la tumba

real o aristocrática de Mammen, en Jutlandia. Está damasquinada con plata según los

primorosos modelos que dan su nombre al estilo artístico de Mammen y es difícil

imaginarse que haya sido alguna vez usada en la batalla; fue probablemente un símbolo

de riqueza, posición social y poder.

Los arcos y flechas también se usaban en la guerra, pero probablemente más en la caza.

Aún sobreviven un gran número de puntas de flecha de hierro y varias formas diferentes

aunque sus astas de madera normalmente han desaparecido. Los arcos de madera son

más raros, ya que, estando hechos de madera, generalmente se han descompuesto

totalmente, pero se ha encontrado uno entero en un terreno anegado en Hedeby. Mide

noventa y dos centímetros de largo y está hecho de tejo, una madera muy flexible que se

usaba para hacer arcos en la Edad Media. Los vikingos se defendían en la batalla con

escudos redondos que les protegían el cuerpo desde el hombro hasta el muslo. Estaban

hechos de madera, a menudo de lima, cubierta con cuero. Éste podía luego adornarse

con monturas de metal y símbolos y a veces se pintaba con colores vivos. El canto de

cada escudo se reforzaba con una tira de hierro y había una protuberancia de hierro en el

dentro para proteger la mano que lo llevaba. Se ha conservado poco de la madera de los

escudos, pero se puede calcular su tamaño y el tipo de adorno que tenían, por los

accesorios de metal que han quedado. Los escudos encontrados en la nave funeraria de

Gokstad tiene un metro de diámetro y ése era probablemente el tamaño normal. Otros

medios de protección eran el casco y la armadura que llevaban algunos vikingos. Sin

embargo, se encuentran raras veces en las tumbas o en otros emplazamientos

arqueológicos que parece poco probable que se llevaran normalmente y seguramente

eran prerrogativa de los más altos rangos de la sociedad. El único casco de la edad

vikinga que se ha conservado se encontró en una tumba de Gjermundbu, en Noruega.

Está claro que un gran hombre fue enterrado allí, pues además de un casco tenía una

cota de malla y una hermosa espada con una empuñadura damasquinada con plata y

cobre. Tanto el casco como la cota de malla se encontraban en una condición

fragmentaria cuando fueron descubiertos, pero el caso ha sido reconstruido y está ahora

en el museo de Oldsaksamling en Oslo. El casco de hierro es abovedado con un

penacho central y una especie de visera para proteger la nariz y los pómulos. Un poco

de cota de malla cuelga por detrás para proteger el cuello. El resto de la cota de malla

tenía probablemente la forma de una túnica corta que se llevaba sobre un jubón

acolchado o de cuero para proporcionar una protección adicional.

Se conocen otros cascos sólo a través de ilustraciones pictóricas. Los cascos de los

guerreros representados en las piedras decoradas de Gotland con invariablemente

cónicos y tienen una protección nasal. Una estatuilla de Sigtuna, en Suecia, tallada en

cornamenta de alce, también lleva un casco cónico con una protección nasal, que está

adornada con un motivo de anillos y puntos. Resulta imposible decir si esos cascos

estaban hechos de hierro como el modelo de Gjermundbu; podían haber sido de un

material menos fuerte, como el cuero. No obstante, sabemos con certeza que ninguno de

ellos llevó cuernos.

Equipos como éste probablemente pertenecieron a los ricos y poderosos entre las

fuerzas vikingas, o a los combatientes profesionales que formaban los ejércitos privados

o eran los guardaespaldas de reyes y señores, especialmente en Noruega. Las

espléndidas espadas con empuñaduras adornadas y hojas francas, los cascos y túnicas de

cota de malla, habrían sido desconocidos por la gran mayoría de los combatientes,

granjeros y pescadores que eran instados a servir en épocas de conflictos y cumplir con

sus obligaciones para con su señor. Esos hombres llevarían armas sencillas,

probablemente sólo su hacha de trabajo que usaban como arma de batalla.

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